La #Opinión de Isidro Galicia Ramos

Las siete gubernaturas obtenidas por Acción Nacional en las recientes elecciones, valdría preguntarnos si castigan al PRI o lo fortalecen. Hoy amplios segmentos de la sociedad mexicana comparten una visión conservadora de su realidad y de sus propias aspiraciones.

Es cierto, esa clase conservadora pretende proteger los reducidos beneficios que el bipartidismo mexicano les ha ofrecido.

Es cierto, la sociedad teme que un proyecto político diferente se coloque en la antesala del gobierno de la República. Pero el comportamiento político de los mexicanos no solo es un asunto de participación electoral, es un tema de cultura política y ciudadanía.

La referencias ideológicas acerca de la izquierda mas pura, muchas de las veces tergiversada por la manipulación de la información, ha socavando la joven democracia mexicana, con los maniqueismos de la amenaza y al de la estabilidad. Del continuismo al de la transformación. Del progreso al del conservadurismo. De saber que al votar por un proyecto ideologizado se eligen principios, doctrinas y una visión de gobierno.

El repunte electoral del PAN, en un análisis precipitado, se debería al hartazgo social de una ciudadanía que rechazo al PRI, que lo vetó como alternativa de gobierno, aunque en estados como Veracruz y Tamaulipas, las cosas eran insostenibles para el tricolor.

Castigar al PRI con votar por el PAN, es un fenómeno que solo se entendería bajo la lógica de una Sociedad altamente conservadora, sin dejar atrás, el bono de la marginación y pobreza, que también da sufragios.

La resistencia social hacia el tránsito del progresismo y pluralismo, es una condición que se sustenta en la baja cultura política de los ciudadanos. De un país, que carece de hábitos deliberativos, de conductas democráticas y de una cultura de la disertación pública.

Es decir, la resistencia política a la transformación se fundamenta en la desinformación, en la débil democracia mexicana y en la marginal cultura de la participación ciudadana.

Ante lo que sucedió el pasado 5 de junio, no fue el resultado de una alternativa diferente o mejor, el PAN capitalizo el rechazo electoral hacia el PRI. De la mano de una sociedad confundida y temerosa de elegir proyectos políticos fuera de la esfera de lo correcto y de lo conveniente. Sin duda, la posibilidad de que el PAN mantenga ese capital político obtenido en la pasada elección, y lo conduzca una vez más a Los Pinos, es altamente probable.

Como hipótesis, el PRI se decidió por la alternancia, por la oxigenación política de estados considerados focos rojos. El tricolor perdió estados claves para la elección presidencial, pero ganará tiempo para la reorganización partidaria y le apostara a la desmemoria colectiva, mediante la abrumadora publicidad ataviada en la era del mercantilismo y espotizacion electoral.

Quizá hoy el PRI es el gran perdedor, pero aún sigue ahí, posicionado en el ánimo del conservadurismo electoral y en la lógica de fortalecer el bipartidismo en México.

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