Por Isidro Galicia

Los recientes sucesos de violencia desmedida en contra de los movimientos sociales y magisteriales del país, solo confirman la invariable vocación autoritaria de un partido que se negó a transformarse. ¿Por que cambiar si bajo la lógica del PRI se gobierna, se sobreponen lo intereses políticos por encima de la sociedad, somete a base de la violencia y de la fuerza del Estado a la disidencia o a quien piensa diferente, coacciona a empresarios y una clase política protegida por el manto de la impunidad?. Ahí radica la genética política de un partido acostumbrado a gobernar bajo la convicción del dominio y del terror.

Del uso inmoral del discurso de las instituciones, de la legalidad, de la paz y del orden. El rostro de la derrota del 2 de julio del 2000, nunca fue una oportunidad para modificar sus propios códigos políticos, sus hábitos de la corrupción y la conducta de sometimiento social acompañada por la represión policíaca.

Nunca el PRI ha sido un partido dialogante, democrático y plural. La violencia desmesurada en contra de los maestros mexicanos, desnuda el verdadero rostro de un régimen que agotó la simulación como fomento de la gobernabilidad.

El hecho es que hoy, la violencia no sustituirá al poder de la razón, ni la propia legitimidad de las causas de la ciudadanía. Los excesos del gobierno de EPN en contra de la sociedad, alimentan la percepción de un partido que envejeció y que la única posibilidad de conservar el poder gubernamental es a través de actos violentos y represivos.

Silenciar, amenazar y violentar derechos de una sociedad, solo robustecen a la desobediencia civil, a la protesta urbana y conducen a senderos fuera del marco de la ley. ¿Entonces, quienes son los alientan a la anarquía, al desorden y a la confrontación social?. Conservar el poder político con la lógica de la violencia, solo acentuará la inconformidad social, la violencia nunca será el camino.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.