Tequio Informativo

Michoacán ha sido un estado en el que los interinatos en sus gobiernos han sido una constante, ya sea por cuestiones políticas o por manifestaciones sociales, y como están las cosas hoy, con una entidad hundida en la inseguridad y las, socialmente, repudiadas movilizaciones de la CNTE que crean un caldo de cultivo en el que se dibuja la silueta de Juanito.
El relevo en la gubernatura, en 1986, se dio entre una agria polarización en la sociedad michoacana dividida entre quienes respaldaban la Corriente Democrática de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y el PRI, aquel postulaba a Cristóbal Arias Solís y el tricolor a Luis Martínez Villicaña.


La elección la ganó Martínez Villicaña, pero la violencia que se extendió por varias regiones del estado y la predilección estatal por el Frente Democrático Nacional de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, lo orillaron a solicitar licencia en diciembre de 1988.

Al relevo entró Genovevo Figueroa Zamudio quien concluyó, como interino, el periodo constitucional.Para 1992, ya con la presencia política del PRD, se realizaron los comicios por la gubernatura; por el PRI, contendía Eduardo Villaseñor Peña, y, por el PRD, Cristóbal Arias Solís; la victoria fue para el piedadense, pero el perredismo alegó fraude electoral y llevó a cabo manifestaciones por todo el estado y Villaseñor Peña, a los 21dìas de tomar posesión tuvo que solicitar licencia y separarse del cargo debido a la presión social.
Entró al relevo Ausencio Chávez Hernández quien como gobernador sustituto, o interino, estuvo hasta 1996, año en que se convocó a un nuevo proceso electoral para un periodo constitucional de seis años.
El triunfador fue Víctor Manuel Tinoco Rubí, quien inauguró un periodo de ausencia de interinatos junto con sus sucesores Lázaro Cárdenas Batel y Leonel Godoy Rangel.

Y el interinato se presentó, una vez más con el gobierno de Fausto Vallejo Figueroa el cual, por motivos de salud, solicito licencia y quedó en su lugar Jesús Reyna García; el regreso de Vallejo Figueroa fue breve pues, con Alfredo Cervantes Castillo como manipulador de los diputados de ese entonces, el Congreso designó a Salvador Jara Guerrero como gobernador.
Silvano Aureoles Conejo, para desgracia de Michoacán, ganó los comicios del 2015 y concluyó su periodo entre acusaciones de corrupción.
Y en el proceso para elegir al sucesor de Silvano Aureoles Conejo se dieron ciertas circunstancias que presagiaban, presagian aún, la presencia de Juanito en Michoacán, es decir la presencia de, una vez más, otro interinato.

El candidato del Morena para ese proceso fue Raúl Morón Orozco, sin embargo, el INE le retiró la candidatura y el emergente fue Alfredo Ramírez Bedolla a quien, desde ese entonces, se le visualizaba como un Juanito michoacano.
Hoy, como gobernador, Alfredo Ramírez Bedolla enfrenta dos situaciones sumamente complicadas a las que no ha podido dar una respuesta que satisfaga a la sociedad michoacana, ávida de seguridad y paz social.

En su administración, la violencia se ha incrementado, los homicidios dolosos van al alza, las regiones en conflicto han crecido, el desplazamiento de familias por la inseguridad en sus comunidades de origen va en aumento. Con la inseguridad, definitivamente, Alfredo Ramírez Bedolla no ha podido.
La otra situación que le brinca a Ramírez Bedolla es la CNTE, sobre todo con Poder de Base y sus aliados los normalistas, que cuantas veces quieren desquician la cotidianidad de Morelia y Michoacán.
Bloqueos de Poder de Base y normalistas aquí y allá, en Morelia, en carreteras, en vías férreas, provocan una afectación grave a la, ya de suyo, deteriorada economía michoacana.
Y ante esa arbitrariedad de maestros y normalistas la administración de Ramírez Bedolla solamente mira, mira, mira y no actúa, y ante esa apatía del gobierno la molestia de la ciudadanía hacia la CNTE y sus aliados va creciendo, pero también contra el bedollismo.
La inseguridad y las movilizaciones centistas son los ingredientes de un caldo de cultivo que va hastiando a los habitantes de Michoacán y la desesperación de la sociedad frente a la inoperancia gubernamental es el camino hacia la protesta social que ha tumbado gobernantes.
Alfredo Ramírez Bedolla debe tener muy en cuenta esa situación porque, además del hartazgo social, está la identificación política que le da la figura de Juanito. Nada raro sería un nuevo interinato.
PD. El término Juanito se refiere a un candidato que, en caso de ganar la elección, cede su lugar a otra persona para que ocupe el cargo. En este caso ese binomio sería Alfredo Ramírez Bedolla y Raúl Morón Orozco, ¿habrá otro u otra tras bambalinas?

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.